Seamos sinceros

Estamos a menos de dos semanas de unas elecciones que continúan la tradición nacional de que "siempre es posible que el próximo gobierno sea peor que el anterior". Continuamos creyendo que democracia es depositar un voto cada cinco años y esperar que esta vez el candidato elegido nos resuelva los problemas. Creemos que el presidente es una suerte de mesías, padre, comandante en jefe, líder inspirador o chivo expiatorio de acuerdo a la necesidad del momento. Esto no es más que una medida de nuestra mediocridad como ciudadanos, que es expresada de muy diversas formas: una de ellas, es por ejemplo, nuestro gusto por la televisión "basura", que todos criticamos, pero que la gran mayoría ve. Otra es la extendida idea de que nuestro amor por el Perú se expresa alentando a la mediocre selección de fútbol en cuanto torneo participe o poniéndonos una camiseta que diga que amamos al Perú; aunque luego arrojemos basura en la calle, paguemos algún soborno para "agilizar las cosas", evadamos impuestos o inclumplamos las leyes de alguna manera.

Es más, recuerdo que una de las grandes promesas de las campañas electorales anteriores fue el famoso impuesto a las "sobreganancias"; es decir, por alguna razón creemos que el gobierno debe exprimir hasta el último centavo a cualquiera que produzca y repartirlo entre los menos favorecidos. Esta mentalidad ha creado un clientelismo político al cual tanto la "izquierda" como la "derecha" apela para ganar las elecciones, especialmente en momentos como este en donde todos los electores andan atentos a quién ofrece más, sin importarle si es posible o no cumplir la promesa.

Ninguno de los candidatos habla de nuestra responsabilidad como ciudadanos, de que el país no es más que la suma de nuestros esfuerzos individuales, de nuestros sueños y aspiraciones. De que el gobierno no está alli para repartir equitativamente la riqueza, sino para hacer de árbitro y permitir una convicencia más o menos pacífica entre los por naturaleza conflictivos intereses de sus ciudadanos. De que el presidente no es más que un sirviente público, igual que un juez, un policía o un maestro, y que el poder que ostenta, no es más que aquel que nosotros como ciudadanos le hemos delegado.

Aceptémoslo, el país es la suma de todas nuestras miserias. Hemos vivido durante la última década el mayor boom de las materias primas que hayamos conocido, que con su gran flujo de dólares nos dio un crédito barato que nos hizo creer que finalmente, y sin necesidad de esforzarnos, el país había despegado, sólo era cuestion de "fomentar la inversión extranjera", tener "reglas claras", enforcarnos en nuestras "ventajas competitivas" y el mercado haría el resto. Ahora que el mercado nos dice que no necesita nuestro cobre, oro, etc., estamos desesperadamente buscando otra fórmula que nos permita seguir con el consumo más allá de nuestras capacidades de pago, basado en un crédito que ya no está allí.

Seamos honestos con nosotros mismos, ¿cómo podemos pedirle a un político que resuelva los problemas de nuestra vida?, si nosotros que somos quienes sufrimos las consecuencais de nuestra inacción permanecemos indiferentes ante los problemas y nos negamos a mirarnos al espejo para encontrar lo que anda mal y corregirlo.

¿Cuándo se jodió el Perú?

La verdad es que, desde que tenemos historia escrita, esto ya estaba jodido. No por conspiraciones extranjeras o castigos divinos. El Perú, como todos los demás países, no es más que la suma de lo que hacen cada uno de sus ciudadanos. Es decir de si estamos como estamos, no busquemos culpables más allá de nuestras fronteras, solo necesitamos mirarnos en el espejo. ¿Qué he hecho yo para que mi vida mejore hoy?. ¿Cuántos podemos contestar esa pregunta sin sentir vergüenza?

Estas elecciones del 10 de abril llegarán, otra vez tendremos a un nuevo presidente en el cual depositaremos todas nuestras esperanzas y en cinco años más lo consideraremos el peor presidente que hayamos tenido y estaremos ansiosos de poder ir a votar para elegir a nuestro nuevo mesías en el 2021. Mientras tanto, seguiremos esperando a que algo cambie, sin que eso implique que nosotros cambiemos.

Los retos que nos trae el próximo quinquenio son mucho mayores que los que enfrentamos durante la famosa década perdida (los años ochenta). Entre otras razones deseo enumerar las siguientes:

  • Nuestro nivel educativo es ahora peor que lo que era entonces, si no me creen vean el último reporte (2012) de la famosa prueba PISA en donde salimos últimos de todos los países que participaron en ella. Y es un último puesto perfecto, ya que no solo somos últimos en el resultado combinado, sino tambien en cada una de las áreas: Matemática, Lectura y Ciencias.
  • El famoso "banco de oro" del que hablaba Raimondi, es cada vez más pequeño. La sobreexplotación de nuestros recursos naturales (la gran mayoría no renovables), nos obligan a depender de cada vez más del gran capital extranjero para iniciar un proyecto minero.
  • Cada vez ahorramos menos y debemos más. Producto de nuestra baja productividad (como familias), es que dependemos cada vez más del crédito. El famoso ahorro en "ladrillos" del que habla Fernando de Soto, era cierto cuando teníamos un mercado inmobiliario en contracción a finales de los ochenta y los noventa. Pero desde el inicio del boom constructor a principios de este siglo, los precios que se han pagado por la casa propia han sido producto de una burbuja inmobiliaria que cuando reviente pulverizará todo el supuesto "ahorro".
  • El cambio tecnológico de la cuarta revolución industrial nos pondrá no a décadas, sino a siglos de los países que se adapten a las nuevas formas de producción que serán básicamente flexibles, orientadas al servicio y descentralizadas.

Muchos de los que me conocen dirán que como siempres soy un consumado pesimista o que solo critico sin aportar soluciones. Solo deseo recordarles a mis críticos que cuando en el 2007 escribí que veríamos una crisis de nivel mundial como resultado de las subprimes en Estados Unidos, muy pocos me creyeron. Para aquellos que dicen que no aporto soluciones, pues les diré que esa no es mi función, cada uno de nosotros a nivel individual debe decidir qué hace con su vida, para algo tenemos inteligencia y libertad. Si estas esperando que otro te diga que hacer, pues lamento decirte que naciste más de 100 años tarde.

Espero que el mensaje que deseo transmitir llegue a Uds. y no sea mal interpretado. Este post no pide ausentismo electoral, no pide que votes por tal o cual candidato, no pide una revolución o que "aceptes a Jesús como tu salvador". Solo quiere que despiertes del sueño en que te encuentras, que aceptes la realidad tal cual es y decidas cambiar tu vida. Porque no hay ideología, plan o receta que resuelva nada, si no te levantas y das un primer paso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.