Bueno, llego el día, hoy 3 de octubre hay que recordarlo como el momento en el historia en el cual el Perú dejo de ser un país en vías de desarrollo para terminar convertido en la jungla anarquica que actualmente es, gracias a la "visión revolucionaria" impuesta tras el golpe de estado de Juan Velasco Alvarado hace exactamente 40 años.
Por cierto esta es mi apreciación personal, para algunos tal vez ese momento de la historia fue el punto en el cual se recuperó la "dignidad nacional", ya que el pretexto del golpe fue la fallida expropiación de los yacimientos petroleros a las empresas norteamericanas que operaban en el Perú por parte del gobierno de Belaúnde. Sin embargo si hacemos un análisis de las estadísticas antes y después del "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas", veremos como las que antes eran empresas que generaban riqueza y pagaban impuesto terminaron siendo después pesadas cargas que sólo generaban pérdidas para el estado y que en muchos casos eran financiadas en base a prestamos internacionales o endeudamiento interno via impresión de billetes como estampitas de album.
Un hecho que vale la pena recordar es que la deuda externa del Perú creció de $600 millones de dólares en el primer gobierno de Belaunde a $3000 millones cuando Velasco fue reemplazado por Morales Bermúdez. Es decir en un período de sólo 6 años que duró el gobierno de Velasco el Perú multiplicó por 5 el valor de toda su deuda externa que había contraído desde el momento de la independencia hasta el gobierno de Belaúnde.
Pero mucho más terrible que el daño a la economía, porque el dinero es un objeto y se puede conseguir trabajando, es el daño moral perpetrado en el país, a partir del velascato como sociedad dejamos de creer en el trabajo como valor, porque la frase "campesino el patrón no comerá más de tu pobreza", escaló a todos los estratos sociales y terminamos creyendo que como dice la biblia el trabajo es un castigo. Prueba de ello es que los socios de las cooperativas dejaron de trabajar y comenzaron a contratar gente más pobre que ellos para hacer sus funciones, porque ahora ellos eran los dueños. Además la cultura del perro muerto por parte del estado alcanzó estatus de política de estado, por ejemplo en teoría el justiprecio de las tierras expropiadas deberían ser pagadas por los beneficiarios de la reforma agraria, siendo el estado aval, pero hasta la fecha los únicos que han podido cobrar el justiprecio de la expropiación son aquellos con suficiente dinero y tenasidad para obligar al estado peruano a cumplir su papel de aval de dicha deuda.
Desde Velasco, el Perú como país paso a formar parte del coro internacional contra el "imperialismo yanqui", que no ha servido más que como pretexto para justificar una serie de atropellos a las leyes y el sentido común a lo largo de toda latinoamérica. Y lo peor de todo es que ha convencido a la gran mayoría de peruanos que los problemas del país los resolverá un nuevo caudillo, un nuevo Velasco resurrecto que le quitará a los ricos para darcelo a los pobres. La idea de que votando cada 5 años para cambiar a un gobernante que resuelva todos los problemas del país es el gran problema de la democracia peruana y latinoamericana en general, no son los políticos y los gobiernos alternados de izquierda o derecha los que cambiaran nuestra situación, somos todos y cada uno de nosotros los que tenemos que hacer el cambio.
Llorar por las cosas malas que pasaron en el pasado no soluciona nada, y esperar a que otro giro de la fortuna nos regale otra vez un boom en las exportaciones de alguno de los productos que extraemos de nuestro territorio, es hacer como aquel pobre que compra boletos de lotería con la esperanza de ganar algún día, y peor aún cuando ganamos el premio en lugar de invertirlo racionalmente y mejorar como país, lo gastamos en cosas inservibles para luego volver al estado incial de pobreza, otra vez quejandonos del sistema y comprando boletos de lotería a ver si otra vez la hacemos.
Los mejores días no han pasado, los mejores días están por venir si lo decidimos en este momento, si cambiamos nuestra actitud con la vida, si aprendemos a vernos al espejo sin esa mirada indulgente que perdona nuestros defectos, que no reconoce nuestros errores. Los mejores días vendrán si cambiamos realmente en lo profundo de nuestro ser y en lugar de ver el trabajo como castigo, lo vemos como un deber que nos honra, si en lugar de ver el vivir dentro de un presupuesto y ahorrar como una forma de pasar la vida sin disfrutarla, la única manera de que nuestros hijos y nietos puedan tener las oportunidades que nuestros padres nos negaron con sus decisiones fáciles, con su falso sentido de justicia.
Las cosas pueden cambiar aquí y ahora, si lo decidimos, si iniciamos el camino que puede tomar muchos años y sacrificio, pero que nos garantizará a cada uno una recompensa proporcional a nuestro esfuerzo, porque justicia no es dar a todos por igual, justicia es dar cada quien lo que le corresponde.